sábado, 6 de marzo de 2010

MOMENTOS GENIALES



En medio de la lectura de La última respuesta de Álex Rovira y Francesc Miralles me encuentro, entre otros momentos realmente divertidos, éste:

Cuando Eisntein aún no era muy conocido y sus teorías comenzaban a extenderse por el mundo, empezó a recibir invitaciones para dar conferencias. Sin embargo, su imagen aún no era de dominio público y pocas personas sabía qué aspecto tenía.
Durante uno de esos viajes, su chófer en Estados Unidos le comentó que había asistido a tantas conferencias suyas aquel año que se sabía de memoria todas sus teorías.
Esto sirvió al padre de la relatividad para una divertida ocurrencia: en una localidad menor a la que se dirigían, decidió intercambiar los papeles con su chófer para que éste, haciéndose pasar por Einstein, diera la conferencia ya que se la sabía al dedillo.
Así lo hicieron y todo transcurrió de primera. Nadie se dio cuenta del cambiazo y la audiencia creyó que tenían delante a un genio absoluto. El verdadero Einstein asistía al montaje tremendamente divertido.
Hasta el momento en que alguien del público formuló una pregunta que el ponente no supo responder. Ni corto ni perezoso, el falso conferenciante contestó entonces: "Esa pregunta es tan fácil que hasta mi chófer la contestaría...y de hecho lo va a hacer".

lunes, 22 de febrero de 2010

DESTELLOS




Como cada anochecer, el cielo, anegado en la oscuridad, sumergió al pequeño pueblo pesquero en una rotunda negrura, apenas profanada por algunos destellos amarillentos que, con timidez, escapaban de las minúsculos caseríos que bordeaban la costa. Eran las tres en punto de una fría noche de enero.
Tras varias horas de navegación sin rumbo entre la blancura, Lara había recurrido a la leche con miel para conciliar el sueño, pero aquel remedio, que tantas veces su abuela le había calentado con éxito, no lo tuvo en esta ocasión. Quizá porque el cariño era otro ingrediente indispensable de la receta, pensó, o quizá porque el gusano del desamor se deslizaba entre las sábanas con la libertad del que se siente en casa.
Raúl, por su parte, previendo que le esperaba una noche en vela, optó por agarrar los apuntes de literatura española del siglo XX. Todo parecía seguir su curso, el tedio iba adormeciendo sus sentidos, pero un poema de Cernuda arrojó una enorme jarra de agua fría que lo dejaría despierto durante horas, filosofando sobre la verdad del amor, Si el hombre pudiera decir lo que ama...
Irreverentes, los números rojizos del despertador de Luis se proyectaban en el techo de su habitación, por el que, a modo de pasarela, había visto desfilar a otros tantos dígitos: luminosos, erguidos y, en ocasiones, desafiantes. El reloj acabó estrellándose contra el suelo y Luis confundiendo los minutos con las horas y comprendiendo por primera vez el título de aquella canción de Sabina, Diecinueve días y quinientas noches.
La quinientas cincuenta y cinco ovejas que Rosa había contabilizado empezaban a cansarse de saltar una y otra vez aquella pequeña valla despintada. Por lo que optó por dejarlas descansar en paz, desde luego, aquellas no eran horas para el ejercicio. Lo que no sabía Rosa es si los pobres carneros lograrían yacer plácidamente, pues la caja de los truenos se abrió al instante.
Como cada anochecer, el cielo, anegado en la oscuridad, sumergió al pequeño pueblo pesquero en una rotunda negrura, apenas profanada por algunos destellos amarillentos que, con timidez, escapaban de las minúsculas almas que bordeaban la costa.Eran las cinco en punto de una fría noche de enero.

lunes, 28 de diciembre de 2009

EN EL INTERIOR DEL BOSQUE


Novela policiaca con una tensión narrativa que solo se destensa al final. Este es el motivo por el que el lector lee cada página con la intriga necesaria para dormir cada día con el libro entre las sábanas.

lunes, 14 de septiembre de 2009

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS. EDUARDO GALEANO.

Tenían las manos atadas, o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban, volaban, dibujaban palabras. Los presos estaban encapuchados; pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito, por abajo. Aunque hablar estaba prohibido, ellos conversaban con las manos.
Pinio Ungerfeld me enseñó el alfabeto de los dedos, que en prisión aprendió sin profesor:
- Algunos teníamos mala letra- me dijo-. Otros eran unos artistas de la caligrafía.
La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno, que cada uno fuera nadie: en cárceles y cuarteles, y en todo el país, la comunicación era delito.
Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces que el estrépito de la rejas o los pasos de las botas por los corredores. Fernández Huidobro Y Mauricio Rosencof, condenados a esa soledad, se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos, a través de la pared. Así se contaban sueños y recuerdos, amores y desamores; discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y también compartían dudas y culpas y preguntas de esas que no tienen respuestas.
Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.

DESNUDO INTEGRAL




Creo firmemente que una de las cosas más difíciles del mundo es mirarle a los ojos a la vida que uno posee (o más bien, a la vida que le posee a uno). Eso es lo que hace Juan José Millás en este libro lleno de vivencias personales, cuya narración lo deja casi en cueros. En medio de ese amasijo de carne y hueso se descubre una mirada individual, personal, propia ,que ,hipersensible y analítica, aletea sobre el mundo de forma especial y a un hombre metalingüístico (si es que este adjetivo puede ser aplicado a las personas), que desnuda a las palabras hasta hacerlas enrojecer.

martes, 25 de agosto de 2009

viernes, 24 de julio de 2009